Asturias Región agropolitana
Medidas: 17 x 24 cm
Páginas: 240
Fecha de publicación: Oviedo, 2008
Asturias, región agropolitana: las relaciones campo-ciudad en la sociedad posindustrial

Jaime Izquierdo Vallina

¿Tiene futuro el campo asturiano? ¿Podemos aprovechar la disposición geográfica, la ubicación en medio del campo y el tamaño de nuestras ciudades como una ventaja comparativa? ¿Es posible frenar la difusión de la ciudad?

¿Tienen las aldeas y los espacios comunales un futuro distinto al abandono? ¿Es la intensificación y el monocultivo agrario y forestal la única opción en la marina? ¿Podemos cultivar desde las ciudades? Y, más aún, ¿hay alguna alternativa social, económica y ecológicamente viable al declive de la economía campesina?

A estas y a otras preguntas similares trata de dar respuesta este ensayo que reivindica el papel de la actividad agraria en el desarrollo regional y advierte de la urgente necesidad de actualización y respeto que merecen los conocimientos agroecológicos de los antepasados campesinos con los que se construyó el «paraíso natural» que nos han dejado en herencia. Nuestras ciudades y villas de cabecera, y nuestras características biogeográficas, nos ofrecen las condiciones de partida para orientar el desarrollo regional desde una viable y original perspectiva agropolitana. Una perspectiva, una nueva mirada, que pretende la superación de la irrespetuosa supremacía urbana sobre el campo y de los principios de gestión espacial metropolitanos, aspirando, por el contrario, al fomento de la agricultura urbana, a la integración ambiental y territorial de la agricultura intensiva e industrial y a la rehabilitación funcional de los conocimientos agroecológicos esenciales para manejar los paisajes de los denominados «espacios naturales».





Observatorio de la sostenibilidad. el Mundo, 24-2-2010
 
Entrevista a Jaime Izquierdo: «Hay que redefinir el 'contrato' entre la ciudad y el campo»

Se hace raro quedar con alguien que sabe tanto sobre el paisaje rural en medio de este agitado Madrid, pero su tarea en el Ministerio le ata a la ciudad y es aquí donde quedamos. El Jardín Botánico, pegado a su oficina, sirve de refugio para una


 

Jaime Izquierdo: Asturiano, 51 años, experto en agricultura y desarrollo territorial, es también asesor de la ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino. Acaba de publicar Asturias, región agropolitana (KRK Ediciones), un atrevido ensayo sobre las relaciones campo-ciudad


PREGUNTA.- En su libro presenta un curioso concepto, el de la región 'agropolitana,' algo así como una fusión de objetivos entre campo y ciudad. ¿Hay que cambiar las relaciones entre esos actores tan contrapuestos?

RESPUESTA.- Hemos entrado en un nuevo tiempo, el de la sociedad posindustrial, y tenemos que redefinir el contrato tácito entre la ciudad y el campo, que tuvieron un tipo de relación en la era preindustrial que en España llegó hasta hace unos 50 años. A partir de ahí se inicia una nueva forma de relación que nos lleva a una situación en la que el campo, por una parte, se ha intensificado y, por otra parte, se ha abandonado.

P.- ¿Y cómo es la visión del campo en una sociedad posindustrial?

R.- Caben tres espacios. Hay un espacio periurbano, donde la ciudad puede producir alimentos y ya hay ciudades que lo están haciendo. Luego hay un espacio agrario intensificado, que debe funcionar cada vez más a residuo cero, limitar sus emisiones, trabajar con la calidad y usar toda una panoplia de medidas correctoras. Y luego está lo que llamaríamos espacios de economía campesina en vías de extinción, para los que hay que buscar una solución que pasa por reeditar algunas fórmulas del periodo preindustrial.

P.- ¿Qué le ha pasado en las últimas décadas a ese paisaje campesino tradicional?

R.- La quiebra del mundo rural tradicional se produce en España a partir de los 60 por la salida de mano de obra hacia los polos industriales y también como consecuencia de los nuevos métodos agrícolas. Aquellos lugares donde no se puede aplicar una intensificación agraria se abandonan. Y hoy, a esos espacios que se abandonaron los confundimos con la naturaleza. Los empezamos a llamar espacios naturales. Tendríamos que haberlos llamado espacios de economía campesina en vías de extinción.

P.- Usted defiende que el hombre modeló casi todos los paisajes españoles. ¿Es que no hay naturaleza virgen en España?

R.- En España lo que hay es campo. Y en ese campo vive la naturaleza. Lo que ocurre es que para que la naturaleza viva en el campo tiene que estar bien conservado o, mejor dicho, ¡bien manejado! Y esos procesos de interrelación son complejos. Te pongo sólo un ejemplo. Los quebrantahuesos, aves en vías de extinción como todo el mundo sabe, se conservan en el mundo junto a las grandes culturas de pastores. Necesitamos definir la forma canónica de manejar el territorio para mantener la biodiversidad. Y en ella interviene el hombre. Porque en lo que estamos ahora es en un proceso de asilvestramiento, de pérdida de valor biológico.

P.- Sin embargo, parece que las ideas de conservación de la biodiversidad, ya sean desde la administración o desde el ecologismo, han establecido el mito de la naturaleza salvaje y han dejado de lado las culturas campesinas.

R.- Exactamente. Ha habido por una parte esa discriminación sobre los espacios campesinos complejos, que habían dado lugar a procesos agroecológicos esenciales para el funcionamiento del territorio, y luego ha habido una deriva hacia el interés orgánico en lugar de hacia el interés ecosistémico. Ha tenido más valor la conservación de determinados organismos, como el oso o el lince, que la conservación de los hábitats donde se permite que haya oso y lince. Y el hombre formaba parte de ese ecosistema. Desde la perspectiva agropolitana, a esos gestores los llamaríamos ecocultores, a mitad de camino entre la agricultura y la ecología aplicada a la agricultura. Los ecocultores serían una nueva profesión. Habría que diseñar los procedimientos para el mantenimiento de esos paisajes sabiendo con qué contingente lo podemos hacer y cómo hacemos eso viable en rendimiento económico. En el libro, lo que planteamos es que la conservación de todo este entramado de naturaleza y cultura que es el campo en proceso de abandono es responsabilidad de las sociedades regionales en su conjunto y no sólo de los que viven en el campo.

P.- ¿Y cómo se puede exteriorizar ese compromiso?

R.- La primera conclusión es que hay que volver a pensar como si fuéramos de pueblo. Todos venimos de las aldeas y necesitamos repensar la forma de enfocar el tema aldeano. El algún lugar del libro proponemos que los pueblos se conviertan en la despensa del piso de la ciudad. Se trataría de hacer un ejercicio inteligente desde la aldea y conectar a todos los vecinos de esa aldea que ahora viven en las capitales y convertir la aldea en el reservorio de alimentos. Pero esto es un ensayo que propone ideas. Algunas de ellas están muy desarrolladas, como es el caso de la agricultura urbana y en el caso de la agricultura campesina en relación con la ciudad hay poco hecho todavía.

P.- Introducir la agricultura en la ciudad le sonará raro a muchos...

P.- Las ciudades hasta hace 50 años producían muchos alimentos. Por tanto, en la historia de las ciudades podemos decir que se ha cultivado hasta ayer mismo.

P.- ¿Esos agricultores serían a tiempo parcial o completo?

R.- Hay de todo. En las ciudades más pobres esos agricultores urbanos dedican más tiempo porque son economías muy poco retribuidas; en las ciudades más ricas, como Vancouver o Berlín, donde la agricultura urbana está más extendida, hablamos de personas de clase media, media-alta que dedican parte de su tiempo. Mira por ejemplo el propio Obama, que ha instalado un huerto en la Casa Blanca.

P.- Hay ciudades como Múnich donde el municipio cede terrenos para ese fin, pero en España, con el precio del suelo, parece imposible.

R.- Son los diseñadores de la ciudad los que tienen que incluir la nueva función de producción de alimentos junto a las tradicionales. Consideran que la producción de alimentos es el pasado, cuando en realidad pertenece al futuro. Hay que concebirlo como el plan de agricultura urbana de la ciudad. Vitoria está avanzando en ello. Cataluña tiene 27 municipios que tienen ya huertos urbanos que están funcionando. En ellos se va a conservar mucha biodiversidad agraria local; se pueden inventar una economía de proximidad con los restaurantes. Cada vez más, la agricultura de proximidad se presenta como una opción interesante para un mundo en crisis ecológica.

P.- Algunos seguirán viendo algunas de estas cosas como antiguas, poco modernas.

R.- Cuando se habla de sociedad del conocimiento da la sensación de que ese conocimiento es lineal, hacia el futuro. La buena noticia en Asturias, por ejemplo, es que cada vez más asturianos saben manejarse en internet. La mala noticia es que cada vez menos asturianos saben hacer sidra, ¿Qué sociedad del conocimiento estamos construyendo si sólo sabemos hacer internet y ya no sabemos hacer sidra?



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