tomo XV, documento 8
 
Informe que dio, siendo individuo de la Academia de San Fernando, sobre arreglar la publicacion de los monumentos de Granada y Córdoba, grabados por orden superior. [1786]
 


Excelentísimo señor:
En junta particular que celebró esta Academia el domingo 2 del mes pasado, se trató de arreglar la publicación de los monumentos de Granada y Córdoba, que tiene grabados, en cumplimiento de la orden de vuecelencia de 29 de enero anterior.
No teniendo entonces reunidas todas las noticias necesarias para la resolución de este expediente, ni constando a la Junta el estado en que se hallaban las estampas de su colección, acordó comisionar a uno de sus consiliarios para que, con vista de los antecedentes informase en la primera sesión lo que se le ofreciese sobre ambos puntos.
Verificose así en la Junta del domingo 7 del corriente, y después de haberse visto en ella un extracto individual de las operaciones de la Academia para perfeccionar esta empresa, y deliberado sobre el asunto detenidamente, se acordó representar a vuecelencia que la colección de monumentos arabescos, fruto de tantos trabajos y dispendios, no solo es digna de la luz pública, sino también de una sabia y cuidadosa ilustración, en la cual no interesa menos el decoro de la Academia que la utilidad del público; que esta ilustración deberá dirigirse a dar una idea cabal de la aplicación y desvelo con que ha procedido la Academia en la colección de estos monumentos; de las personas empleadas en delinearlos, dibujarlos, grabarlos e ilustrarlos; del número, mérito y rareza de las piezas contenidas en la colección, y del objeto, destino y calidades de cada una.
Como este primer trabajo prepara necesariamente el íntimo conocimiento de los principios y gusto con que los árabes cultivaron la arquitectura, el análisis científico de estos monumentos debería ocupar un buen lugar en su ilustración, y conducir a la exposición de los principios generales de aquel arte.
Esta parte de la ilustración es, en dictamen de la Academia, la más esencial e importante, como que sin ella, y por la simple vista de los dibujos, es imposible conocer el modo de edificar que siguieron los árabes; la solidez, comodidad y belleza de sus edificios; el uso de las piedras, maderas, estucos, pinturas y otras materias empleadas en su fábrica y adorno; los varios miembros de que constaba su ornato, los módulos a que estaba arreglado cada uno, y en una palabra, el sistema general de proporciones que debe resultar de la confrontación de todas las medidas y de su paralelo con las de los órdenes griegos y latinos.
En efecto, señor excelentísimo, sin esta ilustración las láminas grabadas serán mudas y muertas, podrán entretener, más no instruir, y cuando satisfagan la curiosidad, ciertamente que no llenarán el deseo de los amantes de las artes.
Por el contrario, ilustrados analíticamente estos monumentos, ofrecerán al público la más cabal idea de una arquitectura hasta ahora desconocida, y servirán a un mismo tiempo a la instrucción de los artistas, al recreo de los aficionados, a la gloria de las artes y a la ilustración de su historia.
Los ingleses han pretendido robarnos esta gloria, han venido a España, han reconocido, medido y dibujado estos monumentos, han publicado lo más precioso de ellos en 1779, y han pretendido, aunque no con el mejor suceso, explicarlos e ilustrarlos. La Academia no puede negar que este ejemplo la empeña más y más en perfeccionar sus trabajos, y no contenta con sobrepujar a los ingleses en la abundancia y magnificencia de su colección, quisiera vencerlos también en el acierto de ilustrarla, y libra sobre su aplicación las esperanzas de conseguirlo.
Crea vuecelencia que este es el único deseo de la Academia, y no el de prolongar el término de una empresa tan largo tiempo detenida, bien que por estorbos accidentales y en la mayor parte independientes de su arbitrio. Reconoce que debe la brevedad al deseo de vuecelencia y a su misma reputación; pero no puede perder de vista que estas mismas causas la empeñan más eficazmente en la perfección de la empresa, pues las dejaría entrambas desairadas si la desluciese por acelerarla. Ni por esto cree la Academia que debe retardarse por mucho tiempo la publicación de sus láminas. Es verdad que no podrá llenar sus ideas sin que alguno de sus individuos vuelva a Granada a tomar nuevas medidas y hacer otras observaciones que faltan y son del todo indispensables; pues se ignora el tamaño, el destino, el lugar y aun la materia del mayor número de los monumentos. Pero reflexiona, por una parte que este trabajo parece inexcusable, aun cuando solo se tratase de dar un catálogo raciocinado de los mismos monumentos o de formar una lista por títulos, y por otra que un arquitecto hábil, joven y activo pudiera desempeñar este encargo en pocos meses.
La versión de las inscripciones puede muy bien omitirse; pero será ciertamente doloroso privar a la colección de un realce tan estimable, y al público de la instrucción que pudiera sacar de ellas. Agregue a esto vuecelencia que en algunas se hallan los nombres de los monarcas moros en cuyo tiempo se construían o ampliaban, y que por lo mismo, no solo servirán a ilustrar su historia, sino también la cronología de las dinastías árabes, tan ignorada como sus artes.
Por tanto, cree la Academia que si este trabajo se pudiese adelantar en Madrid mientras las medidas se hacen en Granada, no sería del desagrado de vuecelencia el que intentase su logro. Acaso sus esfuerzos no serán vanos. En otro tiempo se contaba solo con la inteligencia de don Miguel Casiri, más hoy su discípulo, el padre Banqueri, y el maestro de lengua árabe de los reales estudios y algún otro perito en este idioma pudieran ayudar al mismo objeto. Los granadinos aseguran también que en los archivos de su ayuntamiento existe una versión de todas las inscripciones árabes de Granada, mandada hacer por la ciudad en 1557, y a ser verdad, podrá servir de grande auxilio.
En suma, señor excelentísimo, la Academia al mismo tiempo que desea cumplir las órdenes de vuecelencia y satisfacer a su mismo celo en la publicación de estos raros y preciosos monumentos, quisiera que salieran a luz de un modo digno de la expectación del público y de la cultura a que han llegado las artes bajo los auspicios del rey, su augusto protector.
Por esto espera que vuecelencia le permita dedicarse desde luego a perfeccionar su colección en la forma indicada, lo que ofrece sin pérdida de tiempo, aplicando a este objeto toda su actividad.
Pero si, no obstante cuanto ha expuesto, fuere del agrado de vuecelencia que lleve a debido y literal cumplimiento su orden de 29 de enero anterior, en este caso solo tardará en verificarlo lo que tardare en perfeccionar las láminas con las siguientes operaciones: primera, haciéndolas numerar y foliar, para que puedan venderse en cuadernos; segunda, poniendo a cada lámina su título, pues falta en la mayor parte de ellas; tercera, explicando como pueda aquellas cuyo original es incierto en cuanto a su tamaño, objeto, situación y materia; cuarta, arreglando un catálogo o lista por números y títulos para cada cuaderno; quinta, escribiendo un breve prólogo, que contenga la historia de lo que hizo y de lo que no pudo hacer para la perfección de esta empresa.
Vuecelencia resolverá lo que fuese de su agrado. Madrid, 14 de mayo de 1786.