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Obras completas de Jovellanos

Gaspar Melchor de Jovellanos

Iniciadas por José Miguel Caso González y editadas conjuntamente por el Instituto Feijoo de Estudios del Siglo XVIII (Universidad de Oviedo), el Ayuntamiento de Gijón y KRK Ediciones, las Obras completas de Jovellanos contemplan la aparición de diecisiete tomos, según el siguiente plan: volumen I (Escritos literarios), volúmenes II, III, IV y V (Correspondencia), volúmenes VI, VII y VIII (Diario), volumen IX (Escritos asturianos), volumen X (Escritos económicos), volumen XI (Escritos políticos), volumen XII (Escritos sobre literatura), volúmenes XIII y XIV (Escritos pedagógicos), volumen XV (Escritos histórico artísticos), volumen XVI (Escritos jurídicos y Varia) y volumen XVII (Índices generales de la obra






Fermín Canella
 
Propuesta de edición de las Obras de Jovellanos


 



Introducción de José Miguel Caso.

Ya en galeradas este tomo, ha llegado a mis manos un interesante documento de Canella y Secades de 1909. Sabía de su existencia, pero no lo conocía a causa de su rareza. Al leerlo 75 años después de escrito, sólo se me ocurre pensar que, cuando se ponen en funcionamiento datos y hechos objetivos de un problema, los datos y los hechos siguen siendo objetivos mientras el problema subsista. Está claro que entonces nadie hizo el menor caso al ilustre Rector de la Universidad ovetense, ni siquiera el ministro de Instrucción Pública, a pesar de ser asturiano. Pero, al fin, el Centro de Estudios del Siglo XVIII de la misma Universidad ha conseguido ser escuchado por el Ayuntamiento gijonés, y acaso, no me atrevo todavía a afirmarlo, por más altas esferas. Los argumentos de Canella siguen vigentes en una buena parte, y en realidad algunos de ellos son los mismos que los que he expuesto en las páginas precedentes. Creo que no podía ofrecer mejor prueba de que lo que ahora se inicia es una tarea que merece llevarse adelante. Ignoro dónde y por quién se ha editado la Representación. Este es el texto completo:

REPRESENTACIÓN DIRIGIDA AL EXCMO. SR. MINISTRO DE INSTRUCCIÓN PÚBLICA Y BELLAS ARTES PROPONIENDO LA PUBLICACIÓN DE UNA EDICIÓN NOVÍSIMA Y COMPLETA, ILUSTRADA, DOCUMENTADA Y ANOTADA DE LAS OBRAS DEL EXCMO. SR. D. GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS.

Excmo. Sr.:

Con patrióticos y levantados acuerdos del Gobierno de S. M., secundados por Corporaciones e instituciones provinciales, viene la Nación conmemorando en estos años el I Centenario del alzamiento nacional en 1808; y concita glorias y arranques nobilísimos de nuestro pueblo con su resurrección y avance cultural desde aquella fecha hasta terminar el agitado período en 1814, cuando guiado se vio el país, ausente el Monarca, por el heroísmo de sus hijos y la dirección sapientísima de varones esclarecidos.

Madrid, Zaragoza, Valencia, Santiago muy principalmente, y otras regiones con igual entusiasmo, ya que no con iguales medios, celebran solemnidades análogas y erigen monumentos varios para memoria perdurable del triunfo de España. En esta honrosa competencia con que las localidades rivalizan, reviviendo las decisiones de sus juntas y merecimientos de sus caudillos civiles y militares, no ha figurado, esperando fecha oportuna, la obligación sacratísima que tienen el Principado de Asturias y España entera de rendir homenaje ardiente de admiración y gratitud a preclaro hijo suyo, español eximio con los más grandes merecimientos; y procede ahora consagrarlo de la manera más brillante y propia, porque su figura es de relieve tal, que no ha sido superada ni podrá serlo entre los próceres evocados en este Centenario, conmemoración alta, piadosa y reflexiva de la epopeya española del siglo XIX y de los tremendos días en que realmente comenzamos aquella centuria, regidos por hombres de la precedente, preparadores del progresivo cambio.

Seguramente que por las indicaciones antecedentes asomará a los labios de todos el nombre excepcional del EXCMO. SR. D. GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS, siendo redundante, después de citarle, apuntar lauros bien sabidos, aun compendiándolos como en el mármol funerario del tan prestigioso Magistrado: ministro, padre de la patria, no menos respetable por sus virtudes que admirable por sus talentos; urbano, recto, íntegro, celoso promovedor de la cultura y de todo adelanto en el país; literato, orador, poeta, jurisconsulto, filósofo, economista; distinguido en todos géneros, en muchos eminente; honra principal de España mientras vivió y eterna gloria de su provincia y familia.

Víctima reiterada de las más inmerecidas persecuciones, soportadas con serenidad y fortaleza, murió cuando los horrores de la guerra de la Independencia, en 27 de noviembre de 1811, faltando, por lo tanto, poco más de dos años para cumplirse el I Centenario de aquella pérdida tan llorada dentro y fuera de la nación, porque a todos sitios había llegado la admiración a sus virtudes y civismo.

En memoria de veneración al estadista y escritor sapientísimo, de quien se dijo con acierto que, si los contemporáneos ensalzaban sus preclaros hechos, la posteridad había de admirar sus obras; en honor de Jovellanos, decimos, se han dedicado monumentos artísticos y epigráficos, mientras ha permanecido incompleto su conocimiento, haciéndose imposible o muy difícil el estudio de sus profundos y variados escritos, que son seguramente el monumento más propio y de más enseñanza de cuantos puedan erigirse en prenda de universal aplauso al gran español.

Cuando tuve humilde y honrosa participación en disposiciones para su estatua en Gijón (lograda, tanto como por suscripción hispanoamericana, por desvelos y generosidad del señor Fernández Vallín), la Comisión me encomendó en 1891 un somero trabajo bio-bibliográfico de Jovino, pobre como mío, en donde manifesté no creía terminado el homenaje perseguido, porque faltaban, dije, otros más significativos que el inaugurado monumento de mármoles y bronce, debiendo ser aquéllos la coronación propia del tributo a la sazón ofrecido al eminente paisano. Falta la publicación, escribí, de una edición asturiana y verdaderamente completa de todas sus obras, pudiendo servir de base la rica colección dirigida por Nocedal y que figura entre los mejores volúmenes de la Biblioteca de Autores Españoles, editada por Rivadeneira, siendo aquélla muy necesaria, considerando que aún quedan en mayor número las obras inéditas o raras que las impresas, contándose, entre aquéllas, los preciosos y ansiados Diarios o confesiones de Jovellanos. Y falta también, decía, la terminación moral de su Instituto como digno remate de recientes obras de ampliación en el edificio. De una vez y con firmeza, a tenor de la Ley de 1865, hay que establecer las enseñanzas que, en relación con los progresos presentes, respondan debidamente al pensamiento fundacional. Allí deben preferirse los estudios primitivos de Náutica y Mineralogía, de Ciencias Exactas y Naturales. Como ampliación de la Escuela de Artes y Oficios, abierta en 1886, debe volver la Escuela industrial, allí planteada por el docto Caveda, y debe disponerse nuevamente la Mercantil a la manera de las organizadas en 1887 con injusto olvido de la patria de Jovellanos. Ahora bien, después de estas indicaciones, allí se organizaron en buen hora Escuelas Elementales y Superiores de Industrias (1888 y 1902) y de Comercio (1899 y 1908), próximas a tener los edificios y elementos necesarios, debidos a plausible protección de quien ha de ser considerado como restaurador de aquellas aulas de tanta significación pedagógica; y es de esperar asimismo que, en la proyectada reforma de Estudios de Náutica, se logre para Gijón el Instituto Náutico desenvuelto conforme a necesidades y adelantos de la navegación.

Realizada así la aspiración didáctica y reformadora de Jovellanos, queda en pie aquella imperiosa necesidad de reunir e imprimir sus escritos, ya que literatos y editores, que lo han perseguido, no supieron o no pudieron realizarlo.

Sabido es cuán deficientes han sido hasta ahora las colecciones de las Obras de Jovellanos, aunque se intentó en cinco principales ediciones generales, como fueron las de Cañedo del Riego (Madrid, 1830 a 1832, 7 tomos); de Linares y Pacheco (Barcelona, 1839 a 1840, 8 tomos; con disfraz de nueva portada en 1865-1866); de Mellado (Madrid, 1845 a 1846; 5 tomos); de Alcañiz (Logroño-Zaragoza, 1846 a 1847; 8 tomos) casi reproducción de la anterior; y la mencionada de Rivadeneyra (Madrid, 1858 a 1859; 2 tomos) de contenido más extenso, aunque también más desordenado que las precedentes, teniendo todas en plan, clasificación, notas, etc., acierto y alcance escasos. Y sin citar otras ediciones parciales de discursos, informes, oraciones, elogios, memorias, etc., no se debe omitir un interesante volumen de «Escritos inéditos» (Barcelona, 1884 y 1891) dispuestos por don Julio Somoza, a quien hemos de mencionar continuamente. El que estudiando las anteriores colecciones pretendiera conocer la obra científica y literaria de Jovellanos, tuviera con ello gran engaño; porque, aun prescindiendo –si pudiera prescindirse–, de la pureza y exactitud del texto impreso, aquel conocimiento sería muy incompleto, mucho; pues –dicho queda–, falta por imprimir como dos terceras partes de escritos variadísimos del famoso polígrafo, escritos de subido valor, siendo de importancia suma los muchos de enseñanza y didáctica que le colocan entre los primeros pedagogos españoles, aunque, por incuria incomprensible, no se le ha estudiado y comprendido bien en esta fase. Tantos elementos inéditos (en autógrafos o copias fidedignas) andan desparramados en distintas localidades, en poder de Corporaciones y personas diferentes, cuya relación o catálogo sería prolijo poner aquí; de otros, de que hay indicación, se desconoce su paradero, por lo que pudieran tenerse desgraciadamente como perdidos, a consecuencia de vicisitudes penosas del autor doctísimo. Procurar estos materiales será seguramente difícil, aun teniendo por guía desde Catálogos de Ceán Bermúdez, Canga Argüelles, Fuertes Acevedo a los archivos nacionales y particulares, el de la solariega casa gijonesa y la rica colección del Instituto, cuyo primoroso inventario, formado por el Sr. Somoza, publicó la Universidad de Oviedo en 1883 a expensas del Sr. Posada Herrera.

Considerando número y calidad de tales elementos, desconocidos del público, con los ya impresos de modo poco satisfactorio en ediciones mencionadas, se comprenderá claramente que Jovellanos es aún ignorado en materias y asuntos importantísimos; y es urgente –caso de conciencia y justicia españolas– emprender con patriotismo, en aras de la sabiduría, la publicación de una edición completa bajo los aspectos posibles, así de las obras impresas (después de depuradas) como de las aún inéditas, que es preciso buscar con toda diligencia por cuantos medios sean posibles y bajo plan y con dirección hasta ahora no tenidos. Seguramente que si otras naciones contasen con caudal tan rico de producciones de un hijo esclarecido, no hubieran pasado años y años teniéndole mal presentado, oculto y baldío, cual sucede con las profundas producciones de Jovellanos; y, cuando tanto ha acontecido en aquellos países, no han faltado allí instituciones oficiales o espléndidos Mecenas que realizaron cometido semejante. En este punto no es posible callar la generosidad y trabajos del señor Llanos Álvarez de las Asturias, ni sus gestiones, desembolsos y ofrecimientos a fin de imprimir los Diarios y conseguir para la imprenta materiales importantísimos como la correspondencia de Lord Holland, guardada religiosa-mente en Londres.

Es hora ya de que con esperanzas de éxito y en loor debido a Jovellanos aspiremos los españoles a la publicación total de aquellas obras, comentadas y anotadas con tino, porque hasta el presente tampoco esta tarea en las Colecciones dichas puede satisfacer, pues en tales notas y explicaciones, comentarios y noticias hay palmarias equivocaciones, quedando además mucho por decir, mientras hay no poco desparramado en trabajos de anónimos y conocidos, biógrafos, panegiristas, comentadores, traductores, escritos varios en prensa periódica, etc., ilustraciones artísticas de pintura, grabado, escultura, etc. cuyas manifestaciones ha detallado con trabajo benedictino el señor Somoza en el laureado «Inventario de un jovellanista», tarea notabilísima nunca bastante estimada. Todo cuanto allí se apunta debiera ser reunido y estudiado con gran detenimiento, otorgándose para esta ímproba labor los dispendios que fueran necesarios.

Y no ya los trabajos del escritor, porque, tratándose de Jovellanos, aunque el erudito Ceán Bermúdez trazó su biografía, aún la verdadera vida del íntegro esta-dista, ornamento inmortal del pueblo ibero, lumbrera de la toga, ánimo esforzado en buena y mala fortuna, vencedor de la maldad y de la envidia –cual dijo la Real Academia de la Historia al enterarse de su muerte y llorarla– está por escribir.

El diligente Somoza, tantas veces nombrado, es quien hasta hoy ha sabido ser biógrafo no superado de su paisano insigne, porque es autor del libro conmovedor intitulado «Las amarguras de Jovellanos»; y por esta publicación, otras biobibliográficas y, en fin, por un conocimiento acabado de aquella existencia y de sus manifestaciones y escritos, a cuyo estudio se ha dedicado siempre con amoroso entusiasmo, es la personalidad con quien es preciso contar en una u otra forma al realizar la empresa de una novísima y completa edición, pues él ha juntado a costa de grandes sacrificios, todavía sin recompensa debida (que, haciendo mucho menos, alcanzan tantos) los más importantes materiales, siendo además sabedor del paradero de muchos.

Cree el que suscribe, Excmo. Señor, que, planteado en estos términos el pensamiento de la publicación propuesta, el Estado español y en su representación muy principalmente el Ministerio de Instrucción Pública es quien debe iniciar, amparar y desenvolver con los medios varios de sus atribuciones y recursos la empresa dicha de la gran Edición jovellanista, preparándola y costeándola en forma que V. E. determine o en la que proponga atinadamente quien pudiera.

De deuda tan antigua con la memoria purísima y enseñanzas profundas de Jovellanos no debe retardarse más el pago; y es ocasión propicia la de su próximo Centenario en 1911, comenzando entonces o antes la aparición de los tomos en que compitan los primores del arte tipográfico y bellas ilustraciones –a ser posible en Gijón– con texto limpio y exacto, distribuido bajo clasificación acertada de materias y secciones (cosa no fácil en este escritor), comentado en notas de todas clases para que, sin extravíos ni prejuicios, aparezcan espíritu y significación verdaderos del escritor, hasta ahora mal estudiado y comprendido; y todo completado por índices diversos que procuren fáciles, breves y aprovechados, la consulta y el manejo. Para llenar este plan esbozado apenas, u otro seguramente más acertado, práctico y hacedero, no es muy amplio el plazo que falta para la conmemoración centenaria dentro de la del Alzamiento, guerra y revolución de España desde 1808, de cuyos memorables sucesos fue conspicuo actor el esclarecido Representante de Asturias en la Junta Central.

Estúdiese, pues, sin dejar de la mano, el plan mejor dotado con recursos suficientes, seguros que su realización ha de ser aplaudida en España, produciendo además enseñanzas de gran alcance en honor y vindicación de la patria, con estima grande también en los pueblos hispano-americanos y naciones extranjeras, donde debe favorecerse su circulación para desagravio nuestro; y procurando también precios económicos, que puedan servir de algún ingreso, si bien deben perseguirse gratuitos ofrecimientos a los Centros más principales de cultura del mundo.

Además de intervención natural y medios propios que para tal empresa hay en Asturias –contando siempre con la labor del señor Somoza, quien tendrá a su lado a otros jovellanistas– no ha de faltar el concurso moral y material de la misma región nativa, de ilustres Corporaciones en relación inmediata con los escritos de Jovellanos y de cuantos Centros se han honrado con el nombre y cooperación del benemérito de la Patria, aclamado por las Cortes de Cádiz.

Tales son, en primer término, el Ayuntamiento de Gijón y la Diputación Provincial de Oviedo, que han de tener parte preeminente en el Centenario jovellanista, y, a su tenor respectivo, otras entidades e Institutos con más tantos y tantos admiradores. Acudirán con cuantas iniciativas y auxilios pudieran los Centros docentes donde el inmortal gijonés tuvo enseñanzas, como las Universidades de Oviedo, Ávila (representada por el actual Instituto), Madrid (donde deben estar memorias del Colegio Mayor de San Ildefonso de Alcalá) y el Instituto de Gijón, del que fue Promotor y maestro; asimismo las Reales Academias Española, de la Historia, Nobles Artes de San Fernando, con la de San Carlos de Valencia, la matritense de Jurisprudencia (sucesora de la de Derecho público y patrio), que le contaron en su seno; también ha de coadyuvar la de Ciencias Morales y Políticas que, de creación posterior, unida está al espíritu de Jovellanos por la índole de sus funciones; y, claro está, que no faltará el apoyo de la prensa.

Con toda seguridad se obtendrá con el patronato de la Corona, cuya soberanía representó y sostuvo el inocente cautivo de Bellver, el concurso tan valioso de los principales organismos nacionales: los Cuerpos colegisladores, el Senado principalmente, en reconocimiento a su iniciador, cuando aquella acabada defensa del sistema representativo bicameral; la Presidencia del Consejo de Ministros en procedente consideración al celoso Consejero de Estado y de Castilla; y, con análogos llamamientos, el Ministerio de Gracia y Justicia, que desempeñó con espíritu reformista después de pertenecer a las Audiencias de Sevilla y Madrid, como Alcalde del Crimen y de Casa y corte; el Consejo de las Ordenes militares y la de Alcántara, porque tuvo su venera y sirvió a su Tribunal con especiales cometidos; el de Fomento por comisiones para la apertura de caminos, industrias carboneras, Ley agraria, Junta de Comercio, Moneda y Minas, etc., y estudios en las Sociedades Económicas de Madrid, Oviedo, Sevilla, Santiago, Granada, Cantabria, Mallorca, etc. ; el Ministerio de Marina por el impulso que dio a la navegación; y cuantos centros tuvieron sus luces. Si la intervención de tantos cooperadores pudiera complicar la empresa, debe buscarse un procedimiento más sencillo y de movimiento más fácil y rápido, por contado y activo personal, dotados con el desahogo posible, porque no de otra manera es factible el proyecto.

No entra ni puede entrar el firmante en proposición alguna concreta y directiva para ello, pues fuera vana presunción. Ha querido solamente resucitar y exteriorizar una idea que está en la mente de muchos jovellanistas y que, como aspiración suprema en la materia, la deseó siempre el señor Somoza; limítase únicamente a repetir a V. E. el proyecto de una edición novísima de los escritos de Jovellanos, según tuvo ya el honor de indicar en correspondencia de 10 de julio de 1907 y 14 de julio último, insistiendo en pensamiento y gestiones que había hecho en 1882, con su ilustre antecesor el Ministro de Fomento señor Alvareda, el cual se mostró animoso para ello, y no lo realizó por su salida de aquella Secretaría. A tanto se ha atrevido y hoy también se decide el que suscribe, impulsado por su amor constante a las glorias patrias y a los timbres asturianos; por su inclinación ferviente al piadoso y sabio Jovino; por su admiración nunca entibiada al temple de alma tan esforzada y justa; y hasta por memorias de afecto y devoción heredadas y sostenidas en el hogar, porque el padre de mi padre fue amigo y colega de Jovellanos, extremó que aquí consigno con aquel legítimo orgullo que puede sentirse por cuantos han trabajado y combatido bajo los mismos principios de aquel centinela, defensor y mártir de la causa pública.

V. E., en quien, al desempeñar ahora con útiles iniciativas el Departamento importante de la española cultura, concurre la circunstancia singular de haber nacido en la patria de D. GASPAR, es hoy el llamado para iniciar y llevar a término dicha empresa con que prestará servicio perdurable a las ciencias y letras, elevando, al fin, el más indicado monumento a las virtudes y patriotismo, saber y escritos de Jovellanos. El Ministerio de Instrucción Pública y de Bellas Artes debe ser el que publique u organice o bien subvencione con suficientes medios del presupuesto nacional a la personalidad, Junta o Corporación que la lleve a término tan deseada EDICIÓN NOVÍSIMA Y COMPLETA, ILUSTRADA, DOCUMENTADA Y ANOTADA DE LAS OBRAS DEL EXCELENTÍSIMO SR. D. GASPAR MELCHOR DE JOVELLANOS, disponiendo tanto en condiciones propias y dignas del español celebérrimo que las produjo en una existencia verdaderamente ejemplar.

No se detiene el proponente en detalles y programa del pensamiento editorial, cuando en superiores Centros literarios y bibliográficos y en erudita pericia del Cronista gijonés pueden tenerse los preceptos directores. Con ellos ¡publicada se vea la suspirada Edición jovellanista, porque entonces los amantes de la patria y de su ilustración comprenderán mejor los desvelos y vigilias por el bien público de aquel hombre excelso, cuya memoria inmaculada ha de proseguir a través de los siglos!

Dios guarde a V. E. muchos años. —Vistalegre de Lastres (Oviedo), 27 de agosto de 1909

Fermín CANELLA Y SECADES Cronista de Asturias y Rector de la Universidad de Oviedo.