De Jovellanos a Carlos González de Posada
 
Carta 1049


Gijón, 10 [de mayo] de 1797.


 

Mi amado magistral: ¿Apostamos a que usted quisiera más que le llamara secretario? Pues no, señor; estime usted enhorabuena, como yo celebro, que el cabildo le haya hecho esta distinción, aunque lo que más le importa es merecerla, y esto usted se lo tenía en casa. ¡Pero cuán caro le costará el sacrificio! Usted no cuente ya sino con trabajar en impertinencias —cartas, informes, edictos—. ¡Qué ocupación para un literato! Lo peor de ellas no es que roban el tiempo, y ya ve usted que ésta no es pequeña pérdida, sino que gastan y corrompen el gusto, alejando al espíritu de más dignos empleos; y aun diría algo más, si no le viese a usted siempre propenso a interpretarme mal.

Allá tiene usted el plan de nuestro certamen, y en él el fruto, o por mejor decir, las primicias de nuestra enseñanza. Se ha concluido ya el primer curso de matemáticas* y náutica, pues, aunque se adelantó el certamen por no detener a estos últimos, se sigue ahora con el cálculo integral, que acabará luego. Ve usted a sus paisanos laureados en la ciencia náutica, como los míos en matemática sublime. ¡Si viera usted qué días tan dulces he pasado! ¡Si viera usted el placer con que distribuí estas distinciones, y el entusiasmo con que fueron recibidas! No pude reprimir las lágrimas, y usted inferirá cuánto gozaba mi corazón al derramarlas.

Aún no estoy desocupado, porque tengo que dar cuenta de todo a la corte y cuidar del destino de estos jóvenes. Además, voy a emprender un nuevo edificio para el Instituto, y ya ve usted cuánto habrá que afanar. Todo en esto. El plan se ha hecho en Madrid, grande y sencillo7. Se ejecutará la primera parte, y quedará la segunda para la posteridad8. Con todo, pudiera probar tan bien una cuesta que anda por América con la Noticia del Instituto, que acaso podríamos coronarla en nuestros días. Los dos primeros paisanos que la recibieron nos enviaron 10.000 reales. Pues9* ¿por qué no contaré yo con la beneficencia pública? La encuentran los frailes para mantener su holgazanería, ¿y no la hallará un establecimiento de educación?

Se me olvidaba decir que abrí el certamen con una oración que la materia hizo alabar. Se trabajó de priesa, porque no había pensado en ella con tiempo, y esto quiere decir que está más desaliñada que otras cosas mías que también adolecen del mismo achaque. Creo, sin embargo, que corregida y limada, podrá ser algo bueno. Su objeto, la necesidad de unir al estudio de las ciencias el de las bellas letras para perfeccionar la educación de la juventud11. No piense usted que por buenas letras entiendo lo que de ordinario; antes declamo contra nuestros métodos y reduzco al arte de hablar bien nuestra lengua todo la suma de este estudio. Si lo mereciese algún día, verá la luz. Si estuviésemos cerca la vería usted, y algo más, la juzgaría y ayudaría a su corrección. Haga usted buen secretario, pero no olvide las musas, y menos a su afectísimo amigo

Gaspar.